Sumergida simplemente en el presente y desnudando mi ser de envolturas externas, me encuentro en la experiencia de mi yo original… y es maravilloso.
Siento una infinidad de elevadas vibraciones multiplicarse cada vez más en mi corazón, en el centro de mi ser... y me es imposible explicar este fenómeno con digna precisión. Aunque me quiero dar por vencida después de fracasados intentos, me embarco una vez mas a la tarea de ponerlo en palabras, pues el impulso es muy grande… pero lastimosamente el idioma o la forma de comunicación que usamos hoy en día no está a la altura, no existen las palabras o mecanismos necesarios para hacerle honor a este volumen de emociones. Me inclino a pensar que en algún momento del tiempo si fue posible y era algo muy natural, que nuestros antepasados se expresaban y vivían dentro de esta riqueza. Es un tesoro del corazón y aunque dormido, sigue latente en cada uno de nosotros.
Siento que todo esto me lo transmiten las estrellas, dulces testigos del pasado. Me lo susurran en el corazón, cuna del universo entero, de donde nace su reflejo. Si, esta forma de comunicación es la verdadera tecnología... la mas precisa de todas las creadas externamente por el hombre... nada supera la precision de corazón a corazón. La autenticidad no solo en sonidos, también en tonos, olores, sabores... imágenes que cargan su total contenido en la mas alta definición. El corazón lo alberga todo, porque es el punto de partida. Todo lo externo es solo una proyección... por eso al observar estos seres luminosos que adornan el manto nocturno, los siento tan cerca. Soy uno con ellos... son una extension de mi ser.
Reconocerme en la infinidad me lleva a este estado de plenitud, que es imposible vestir con palabras por su ilimitado tamaño... como el cosmos mismo, como el pensamiento que lo crea.
Todo pulsa con la energía del amor.
Sumergirme en este momento dilata mi ser hasta encontrarse infinito, abrazando el todo. Esos ojos luminosos que adornan el azul profundo del cielo, danzan al ritmo de los latidos de mi corazón y con cierta nostalgia y la comprensión del amor, mágica formula de la compasión, me transmiten sus registros del pasado, cuando el ser humano, que en un momento de su existencia también vivía en este estado de percepción y conciencia, fue poco a poco perdiéndolo y así también abandonando el uso de aquella forma perfecta de expresión... de la vida misma... pero que aun podemos encontrar detras de las palabras.



